Orbis

Autobiografía y mentira

 

Por Dennis Arita 

Tratar de hacer pasar por verdades las memorias o autobiografías es una pérdida de tiempo. Lo es cuando el lector es lo bastante inteligente o avisado para entender que a la mayoría de los autores les gusta inventar patrañas, fingir, disfrazar, decir toda clase de coloridas mentiras. También están quienes no mienten, pero son deshonestos por omisión porque no acaban de decir toda la verdad. Se quedan en ciertos aspectos de la verdad que son más cómodos e interesantes para ellos y en esa confortable zona de la realidad muestran, como un vendedor sus dulces, los colores y las formas que su memoria infalible ha preservado para el deleite de sus congéneres. Tomen, si se les da la gana, el caso de Simone de Beauvoir. Cuatro tomos autobiográficos que en conjunto andan por las 1,500 páginas. Es notable que la verdad de esos volúmenes es demasiado pormenorizada y brillante para ser verdadera. Nadie recuerda hasta ese punto sin inventar algo. Apuntemos, de paso, que muchos maestros de narrativa recomiendan la invención de pormenores para crear un espacio verosímil donde los personajes se muevan sin el estorbo de la incredulidad del lector.

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DRAE, La Comunidad del Idioma, prefijo

Prefijos para repetir y reivindicar

Detrás de la sencilla iteración, el vocablo “re” es un prefijo que cumple otras funciones. Por un lado, significa “movimiento hacia atrás”, como “refluir”. Denota intensificación, como “recargar”. Indica oposición o resistencia, como “rechazar”. Repugnar. Significa negación o inversión del significado simple, como “reprobar”, es decir, “no aprobar”. Con adjetivos o adverbios, puede reforzarse el valor de intensificación añadiendo a “re” las sílabas “te” o “quete”, como “retebueno” o “requetebién”.
En el caso de “repetir”, que significa “volver a hacer lo que se había hecho o volver a decir lo que se había dicho” (DRAE), es un término más amplio de la palabra latina original: “repetere”, volver a pedir. En latín, la palabra que daba pie a la insistencia era “petere”, “pedir”. A nosotros nos llegó sustituido el sonido de la “d” por “t”, en lugar de “repedir” se usó “repetir”.
La sencillez de este ejemplo nos demuestra dos reglas básicas de escritura: la naturaleza reflexiva del idioma puede ignorar la historia y seguir siendo funcional y el hecho inevitable de que todas las palabras encierran en sí mismas secretos que trascienden la realidad que determinan.

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idioma, La Comunidad del Idioma, palabras compuestas, Real Academia de la Lengua Española

Megaproblemas de las palabras compuestas

Últimamente se ha desbordado en muchos medios impresos la formación de palabras compuestas. A los robacarros se les unieron los robabancos y los robacelulares; la fiesta muy concurrida es ahora una megafiesta o una superfiesta; o, por el contrario, el negocio pequeño es ahora una microempresa o micronegocio o una minitienda que aporta soluciones a la macroeconomía. De igual modo, ahora los puestos no son de asistentes, sino de subs, ya hay subcomisarios, subcomisionados, suboperadores, subempleados. Ya no solo hay vicepresidentes, también viceministros, vicedirectores, vicecónsules.

Además, para demostrar el antagonismo, ahora lo dejamos claro en las mismas palabras, antiterroristas, antiinmigración, anticorrupción, antiestatal, antiimperial. Igual se han activado los pro, pro gobierno, pro chavistas; o los co, cogobernar, codirigir. En fin, hay una euforia por construir cada día nuevos términos, al grado que muchos añoramos el momento cuando en la escuela nos enseñaban que las palabras compuestas eran tan inconfundibles como camposanto o puntapié. Pero hoy muchos quieren hacer que las palabras sean políticamente correctas; así un incendio ya no es un crimen contra el bosque, ahora es un “ecocidio” y hay ecoempresas o quienes emprenden agronegocios, mientras los legalistas insisten en decir “todos y todas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “alumnos y alumnas”, hasta convertir las noticias, los informes, los simples comunicados y memorandos en auténticos logos más parecidos a códices o enunciados en latín.

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