Orbis

Entrevista con la escritora Daína Chaviano

Por Felipe Rivera Burgos

Las tres de la tarde del sábado. La hora de mayor tráfago humano en el Wolfson Center de Miami. Los pasillos entre los puestos de libros se hacen estrechos. El cpicture-084.jpgalor, a fuerza de la cercanía de las voces y los cuerpos, extiende su poder consistente. El cielo brilla recordándonos que esta es por excelencia la cuidad del sol. “Este año hemos tenido un buen tiempo -dice Eugenio Roca, director de Planeta Publishing para Centroamérica y el Caribe-, al menos no ha llovido”. Esta casa editorial y Santillana ofician los eventos más esperados de la Feria del Libro. “Otros años hemos tenido más autores, pero ha sido cosa de locos, es inmanejable”, cuenta al regreso de un frugal almuerzo. Dispensar a los invitados todas las atenciones que exige el protocolo no es fácil, y menos cuando hay que permanecer vigilante del stand -de los más visitados-, aunque cuente con la asistencia de lujo de Eduardo Durán, encargado de Mercadeo y, a su vez, enlace de privilegio entre escritores, periodistas y público. Al llegar es la cita con Daína Chaviano. Entre tanto público, entrevistas, firmas de libros, conferencias, los autores resisten el asedio con gentileza. Daína Chaviano lo entiende así, pero no puede ocultar el cansancio. “Estoy aquí desde las diez y media”, dice, toma agua y se dispone a resistir esta plática.

¿Qué tal la vida en Miami?

Diferente. Más segura en términos sociales, económicos. No hay los sobresaltos que uno vive cuando está en un país como Cuba. Dejé muchos amigos y familia… eso se extraña mucho. Pero aquí me he podido realizar en muchos sentidos, prácticamente el límite es el cielo. No hay límite cuando uno se propone hacer algo, así que realmente estoy feliz.picture-062.jpg

 

¿Qué tanto de esa realidad de Cuba llega a tu literatura?

Pues muchísimo. Cuando yo viví en Cuba escribía ciencia ficción y fantasía. Es, primero, mi modo natural de expresión; me interesa mucho ver el mundo con elementos de lo fantástico, porque la fantasía te permite también extrapolar, decir muchas cosas de la realidad de una manera disfrazada y te permite dar rienda suelta a la imaginación. Para mí es muy importante la libertad, en todo sentido. Cuando salí de Cuba, sin dejar atrás el mundo de la fantasía, me propuse escribir una serie de novelas que tienen que ver más con la realidad cubana y es un ciclo de cuatro novelas que titulé La Habana oculta.

¿Qué pretendías al emprender estas obras?

Fueron novelas en las que me propuse reflexionar sobre la situación en Cuba, pero no desde el punto de vista político, porque no gusta hacer política con la literatura, sino desde el punto de vista humano, cómo el ser humano sobrevive, cómo incluso la fantasía, la espiritualidad del ser humano, puede ayudarlo a sobrevivir en medio de situaciones de caos económico social y político, pero tú lees las novelas y hay muy poca política en ellas, pero hay mucho de reflexión a nivel universal, es decir, los planteamientos e cada una de las novelas le puede servir no sólo a los cubanos, sino a cualquier ser humano en cualquier parte del mundo.

¿Te parece que las leyes de la imaginación son más justas y precisas que las leyes de la realidad?

Creo que las leyes de la imaginación y la fantasía son más libres que las leyes humanas, son más humanas (ríe) que las leyes inventadas por los hombres. Siempre he buscado en la fantasía una especie de refugio y de territorio de libertad desde que viví en Cuba, y lo sigo buscando. Pienso que el ser humano que es libre en su imaginación, en su espíritu, que no se cierra ni encierra en ningún tipo de sistema de pensamiento, religioso o social, es mucho más libre y es mucho más feliz también.

¿Qué autores te llevaron a ese territorio mágico?

Desde que yo era niña a mí me fascinaban los cuentos de hadas, y cuando empecé a leer los cuentos de hadas me llevaron a las mitologías de muchas partes del mundo. A partir de ahí empecé a leer mucha literatura de ciencia ficción, autores más que todo anglosajones, los poetas románticos ingleses, las epopeyas antiguas.

Es una literatura que de algún le ha pertenecido a ellos.

Sí, pero yo he indagado en la mitología precolombina también. No sólo los mitos celtas, los grecorromanos, también los afrocubanos, y he hecho una mezcla de todos estos elementos en mis novelas.

¿Qué autores latinoamericanos se contarían entre tus influencias?

Yo hablaría de Manuel Mujica Lainez, que manejaba elementos de la literatura fantástica de algún modo en sus novelas, y Mario Vargas Llosa en su trabajo que hace con la estructura, he aprendido mucho de él. Recuerdo las primeras novelas que me leí a escondidas, porque en Cuba Vargas Llosa estaba prohibido, por ejemplo las Conversaciones en la catedral fue uno de los libros donde aprendí cómo manejar toda una estructura novelística con un propósito, con un sentido.

¿Algún autor cubano detrás de tus libros?

No tengo ninguna influencia de ningún autor cubano. La gente me dice que yo soy una rara avis dentro de la literatura cubana, yo no tengo ninguna conexión. Me gustan, por ejemplo, los poemas y la prosa de José Martí, los poemas de Dulce María Loinas, pero no tengo influencias de sus obras en sí.

¿Y Lezama?

De Lezama me gustan algunos poemas, no me gusta su narrativa, me parece demasiado oscura. Creo que la literatura tiene que contar, tú necesitas contar una historia, de eso se trata la literatura.

¿Y Carpentier, no te gusta lo barroco?

Carpentier sí me gusta, Carpentier tiene un barroquismo pero en el que se cuentan cosas, pero en Lezama ni siquiera llego a eso, me cansa leer a Lezama. Supongo que muchas gentes me matarán ahora por decir esto (ríe), pero es la verdad.

¿Ha crecido tu percepción de lo fantástico en el exilio?

Sí, como no. Mientras estaba en Cuba vivía como en las nubes, no porque no viera lo que sucedía a mi alrededor, sino porque mi literatura tendía a levitar, quería escapar literalmente de lo que me rodeaba, y andaba todo el tiempo en las nubes, en otro planeta. Pero una vez que salí me sentí capaz de enfrentarme al fenómeno de lo que es la existencia en Cuba, lo que es el haber nacido en Cuba, y creo mi literatura tenía espíritu y ganó carne, y esa combinación la ha hecho crecer.

¿Crees que existe un límite para imaginar responsablemente?

No creo que haya que limitar la fantasía ni la imaginación para nada. Desde la literatura si se habla de un límite debe ser el límite de lo formal, es decir, cómo vas a contar una historia. Pero no creo en los límites del arte, porque más bien se trata de buscar nuevos caminos, nuevas formas de expresar ideas, de comunicarse con el resto de la humanidad. Si le impones límites a la imaginación qué dejas entonces, ya hay bastantes límites políticos, sociales, económicos, de fronteras.

¿Qué tanto de lo escribes pertenece a una verdad en la que crees? ¿Crees en todo lo que escribes?

No creo todo lo que escribo, pero hay una dosis de las cosas que pudieran rozar lo fantástico o incluso lo parapsicológico.

¿Crees en extraterrestres?

Creo en los extraterrestres. No puedo limitar mi imaginación y decir yo no creo eso por un problema de las leyes de física; yendo a muchas investigaciones y aún las leyes matemáticas de las probabilidades, sí tienen que existir; de lo contrario sería un absurdo.

¿Tus libros te dan para vivir aquí?

Sí. Me dedico a escribir.

¿Qué opinas del fenómeno migratorio y los desvínculos culturales?

Las migraciones siempre han existido en la historia de la humanidad, lo que sucede es que en los últimos tiempos el fenómeno se ha multiplicado. Uno de los fenómenos que ha provocado la llamada globalización es precisamente el aumento de la migración. Para mí es doloroso e indignante, no veo por qué los latinoamericanos tenemos que estar migrando de nuestros países y vivir en mundos ajenos, culturas ajenas. Si hay algo bueno en la globalización es el hecho que las fronteras están más abiertas y podemos intercambiar -desde el punto de vista cultural- riquezas humanas, pero me indigna la situación social y económica producto de la debacle.

¿Se censuró tu obra en Cuba?

A mí nadie me censuró nunca nada en Cuba, si yo dijera eso estaría mintiendo.

¿Y después cuando decidiste exiliarte?

Cuando yo me fui sí, se dejaron de vender mis libros y no se me mencionó más en muchas partes. Ahora ya se vuelve a mencionar mi nombre, pero mis libros no se venden en Cuba… Tengo muchos amigos ahí, extraño mi país todos los días, me gustaría mucho regresar, quizá en un futuro cuando cambien las condiciones regrese allá.

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Un comentario en “Entrevista con la escritora Daína Chaviano

  1. Erwin Andino dijo:

    Es una labor encomiable la de este blog, que se dedica a difundir autores desconocidos pero que alguna relevancia tienen para las letras de América. Y es que ya estamos cansados de Borges y Cortázar, queremos sangre nueva, que haya una nueva generación de escritores, viriles o feministas, no importa.

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