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De niño, uno piensa que escribir puede ser divertido: Daniel Alarcón

picture-065.jpgGentileza de la casa editora Santillana, colocaron una silla más al lado de la mesita para firmar libros. La silla nueva era para mí, el que firmaba libro tras libro y respondía preguntas de todos lados era Daniel Alarcón.

Reparo en la leyenda en su playera: Pinochet ha muerto… paro en el infierno.

Con apenas dos libros en su haber, escritos en inglés, y contados 30 años, Alarcón ha irrumpido en las letras inglesas e hispanas como un inustado híbrido anglolatinamericano; es, de algún modo, el futuro. “Soy cien por ciento latinoamericano y cien por ciento gringo, no es para nada raro entrar por la puerta norteamericana porque es una puerta que también me pertenece”, aclara.

Su libro de cuentos War by Candlelight (Guerra a la luz de las velas) y su novela Lost City Radio (Radio Cuidad Perdida) le han abierto las puertas de todo el continente, por el que se pasea haciendo autostop. Con un acento terriblemente argentino, me dice que es peruano, que vive desde los 3 años en Alabama, Estados Unidos, y que si habla así es porque suele tomar el acento del último país donde ha estado. “Seguro si voy a Honduras termino hablando como hondureño”, dice.

De sus viajes recuerda cuando llegó a Ecuador y se fue al estadio de Quito a ver el partido contra Perú, su patria. Esa noche Ecuador clasificó al mundial y Perú quedó eliminada, y literalmente le tocó llorar y reír con los amigos. Creo que eso resume su relación con América Latina. Alarcón escribe en inglés pero con una amplia agenda latinoamericana; si se trata de escoger entre Thomas Pynchon o Jorge Luis Borges, dice: “Pynchon es un autor que respeto pero que he leído poco, Borges es un autor que amo y he leído mucho”. Al lado de Borges coloca la tradición literaria del sur estadounidemarti-carbonell.jpgnse, William Faulkner, Thruman Capote, Flannery O’connor, y la literatura negra, Toni Morrison o Richard Graves o James Baldwin.

Se inclina también por los autores rusos y los polacos, quizá para hacer eco de la premisa borgiana de que como latinos podemos aspirar a todas las tradiciones. “En mi caso tengo la suerte de poder nutrirme de la literatura latinoamericana, hispana y la anglosajona y todas las traducciones que se hacen al inglés”. Igual confiesa que lee en francés, pero aún no tanto para disfrutarlo.

Asediado por una chica que quiere su teléfono y un autor de novelas por Internet dice que no se siente famoso, todavía no lo persiguen al restaurante tomándole fotos.

¿Cómo llegó a la literatura en circunstancias propias de la inmigración? Por un lado, la fidelidad de su familia; por otro, la suprema inocencia. Daniel Alarcón tuvo la fortuna de que en su casa en Alabama se siguieran respetando ciertas tradiciones literarias; de niño sus padres lo hacían memorizar poemas de Vallejo; en las conversaciones familiares se hablaba de la radio, de las palabras, al grado que no pudo imaginar un destino distinto.

“¿Cómo llegué a escribir? Bueno, cuando uno tiene 13 años no sabe que no debería hacerlo, no sabe que decir ‘voy a escribir una novela’ es una cojudez, uno piensa que puede ser divertido”. Su libro de cuentos data de la vida universitaria.

Le planteo otra disyuntiva: Holden, el personaje de Catcher in the Rye, o el Oliverio de Rayuela. No lo piensa para nada: la obra de Cortázar no tiene comparación, es más, no le gusta mucho Salinger, tal vez un poco los cuentos.

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