General, Orbis

Este es un libro doloroso: Faciolince

Quizá la figura más importante que paró en la Book Fair de Miami 2007 fue el colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de El opicture-069.jpglvido que seremos, el libro más vendido de la temporada. Pude saludarlo y conversar a trechos con él, mientras iba a atender compromisos para la televisión. A última hora decidió suspender las entrevistas, pero no las conversaciones, y suerte mía que era parte de la escolta del director de Planeta Publishing y de tramo en tramo fui completando su perfil.

Aunque ya había escrito novelas ingeniosas y memorables, como Basura, con la que ganó el inverosímil premio de narrativa innovadora, pasará mucho tiempo para que Faciolince se deshaga de la sombra de El olvido que seremos, un libro que se abre a múltiples lecturas: es una biografía casi mesiánica de su padre, asesinado por sicarios; es también el reflejo de una época, con el entorno inmediato de las grandes contradicciones familiares, hasta el amplio espectro de la Colombia preguerrillera, y es también una suerte de retrato del artista cachorro. Muchos que se detuvieron a pedir su firma tenían referencias claras y otros ya habían leído el libro. Escribir este libro fue un proceso doloroso, me dijo.

carbonell3.jpgEl libro está lleno de anécdotas, muchas de las cuales quedaron fuera de la historia, y ahora se han convertido en la trama de la próxima entrega del autor.

El padre de Faciolince era un médico higienista entregado a la docencia universitaria y de calle, organizaba las comunidades para mejorar la salud preventiva. Fue asesinado a la salida de la radio donde tenía un programa. Los asesinos fueron capturados, pero da igual, son ciegos, no sabían a quién estaban matando. Quizá alguno fue un muchacho a quien mi padre había vacunado contra la poliomielitis. Los otros, los verdaderos asesinos, nunca fueron encontrados. ¿Los sicarios? Bueno, los sicarios son armas que otros empuñan.

La sola explicación del título del libro requiere otro libro. Cuenta Faciolince que entre los objetos que sacaron de los bolsillos de su padre había un soneto manchado de sangre. Era un soneto de Borges que su padre había leído en el programa y su primer verso es: Ya somos el olvido que seremos.

Durante mucho tiempo se entregó a la tarea de buscar el libro donde el soneto había sido publicado y se enteró que Borges nunca llegó a publicarlo, y entonces se dijo: Si el mundo es un cuento de Borges en alguna parte debe estar el origen de este soneto.

Y así, ahora, lo que fue la reconstrucción de la vida de su padre y el repaso de su memoria ha pasado a ser una búsqueda bibliográfica que limita también con el crimen. El soneto al parecer es un plagio finamente logrado.

Aquí termina la conversación sobre el libro de su padre y comienza la fábula. Faciolince fue informado que el posible autor de esas líneas era Harold Alvarado Tenorio, autor colombiano que había adquirido fama a raíz de prologarse sus libros con el sello discursivo y la firma de Jorge Luis Borges.

Cuando Borges fue informado sobre eso dijo que quién sabe si en verdad él no los habría escrito, abriendo una puerta alterna al juego paródico. La frase al parecer dio pie para que el otro Borges colombiano desarrollara una pequeña obra, que ahora se encargan de desautorizar María Kodama, albacea de Borges, y otros expertos en el autor. El mismo Julio Ortega ha negado que el soneto sea de Borges.

Faciolince estaba en Alemania cuando recibió comunicación de Harold Alvarado confirmando que, en efecto, él había cometido el soneto. Dijo que lo había escrito en 1992 o por esos años. Extraño –le respondió Faciolince- porque cómo me explica que mi padre tuviera en el bolsillo de su chaqueta en 1987 un soneto que usted escribió como cinco años después.

Al silencio en la correspondencia le siguió la certeza de que, como había quedado claro, Alvarado no lo había escrito, pero lo remitió a un taller literario que Borges impartió en Mendoza, y que ahí lo escribió con un grupo de estudiantes.

Buscando confirmar este dato, al fin se comunicó con Julio Correa, coordinador de aquel taller, quien al parecer tiene en su mano una dilecta obra que Borges escribió en aquellos días, y donde aparece el soneto. La obra había sido editada en 1987 y desautorizada, y quizá así llegó a manos de su padre.

En un descanso de la fila aparece una figura conocida para saludarlo. Se trata de Jorge Ramos, mucho más pequeño ypicture-070.jpg más delgado que en la tele, con una limonada en la mano. Ramos pertenece a ese grupo de periodistas autores que animan eventos como este. Está aquí en Miami para presentar su libro, El regalo del tiempo. Aprovecha para preguntar a Faciolince qué será que los latinoamericanos todavía tenemos que lidiar con la figura del padre. Agrega una frase obligada y cada vez más cierta: En mi libro tuve que escribir unas cartas para mi padre y ha sido una experiencia dolorosa.

Más tarde, caminando hacia la conferencia, Faciolince se encontró con Plinio Apuleyo. Hablan de la exhibición en la feria de El pueblo de Esteban, una obra basada en los cuentos de Gabriel García Márquez. Hay que explicar otra vez Cien años de soledad, dice Apuleyo. Bueno -dice Faciolince- creo que ya es tiempo de dejar de explicarse Cien años de soledad y empezar a explicarse a García Márquez. Pero hay mucha gente y mucho ruido y quizá cansancio, y casi nadie ríe.

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