Orbis

Lety fue el gran amor de mi vida: Félix Oyuela

El legado de doña Lety

A dos semanas de la muerte de doña Leticia de Oyuela, la comunidad artística e intelectual no supera la pérdida. Una mujer que acompañó los primleti14.jpgeros pasos de muchos pintores, que creó la Galería Nuevo Continente, la Fundación para el Museo del Hombre, Mujeres en las Artes y otras. Pero su mayor legado descansa en 25 libros de historia, resultado de sus incansables investigaciones. Al final de sus días, con serias dificultades por su enfermedad, su trabajo no varió en lo más mínimo. De día dictaba a una secretaria y por la noche su esposo, don Félix Oyuela, le leía para hacer revisiones. Un día antes de ser internada en una clínica, recibió con fineza a todos los visitantes, como lo hizo por años. Su casa fue un espacio donde nunca se excluyó a nadie, abierto a todas las ideologías. Ahora su obra sigue. Los 4,000 volúmenes que forman su biblioteca irán al MIN y todas las pinturas de su casa a una sala especial del Museo del Hombre. En esta entrevista, el lector se asombrará de cómo su esposo se borra a sí mismo para dar lugar a la presencia de su gran amor, doña Lety. Imagen de Vizquerra.

En la misma sala donde doña Lety y él recibieron multitudes, generaciones enteras de intelectuales, artistas, estudiantes y visitantes que querían conocerla, todas las tardes después de las cuatro, ahí mismo nos recibió don Félix Oyuela para esta entrevista. Mientras conversaba con nosotros, desde la cocina nos venía la conversación de su hija con el fontanero y el ruido de los trastes, el timbre del teléfono y de la puerta que anunciaba otras visitas. No es difícil imaginar que la presencia de otros en la casa no interrumpía en nada el fluir de los quehaceres, de la vida. Comenzamos a hablar; el hombre al que interrogamos fue capitán del Ejército de la vieja escuela, pero en muchos momentos su voz estuvo a punto de quebrarse ante el recuerdo de su esposa. Si tantos la extrañan, cómo no iba a faltarle a él, el más íntimo de sus amigos, su confidente, su esposo. “Lety era una mujer extraordinaria”, dice, hace una pausa y agrega: “Realizó una investigación muy profunda en todos los archivos, tanto religiosos, judiciales, municipales; ella acumuló más de 30,000 fichas que le sirvieron mucho para los libros que escribió”.

 

¿Cuándo conoció a doña Lety? Nos conocimos en la Facultad de Derecho, en el 55.

¿Cómo se enamoraron? Cuando nos matriculamos el primer año en la universidad, en la Facultad de Derecho, yo estaba en el Ejército. En esa fecha a mí me vincularon con un golpe de Estado, que decían que quería hacerlo el coronel Velásquez; entonces a mí me detuvieron. Estuve detenido en el Cuartel San Francisco. Había compañeras que me iban a ver, me llevaban una comidita, entonces las mismas compañeras me dijeron “fijate que hay otra compañera que se llama Leticia Silva, que dice que está bien que metan preso a esos que quieren dar un golpe de Estado”. Ajá, entonces me llamó la atención, y cuando yo salgo -creo que estuve como unos ocho o diez días detenido-, entonces dije yo, “quiero conocer quién esa compañera que dijo eso”, y cuando llegué a la facultad me dijeron “es aquella” y entonces veo aquella mujer espigada, con tacón alto, elegante, porque era muy elegante ella, y parece que a ella le daba como por revolucionaria, entonces la abordé, y le dije “usted es la que dice que está bien que metan presos a los militares”, “sí”, me dice, “yo soy”; “pues yo soy Félix Oyuela, por qué no me permite hablar con usted, la voy a invitar a un café”. “Bueno”, me dijo, y platicamos, y así comenzó lo que fue el gran amor de mi vida.

¿Ella abandonó la carrera de derecho? No, ella continuó estudiando, inclusive realizó prácticas en los juzgados.

¿Cómo pasó ella a la investigación hileti18.jpgstórica? Cuando nos fuimos a España, yo me fui como primer secretario y cónsul general; después nos trasladaron a Roma. Entonces Lety allá asistió a la Universidad Complutense de Madrid y en Roma realizó cursos de Estética, de Historia y ahí le comenzó la afición por la investigación histórica.

¿Ella se vinculó a la investigación porque en Honduras no había, porque era una actividad postergada? Yo no creo que se inició por eso. A ella le nació de vocación. En realidad, me contaba mi suegra, que ella siempre fue una niña inteligente. Ella siempre tuvo, gracias a Dios, esa vocación intelectual y una inteligencia extraordinaria, una memoria fabulosa.

¿Tuvieron que enfrentar obstáculos en esas labores? Dificultades no. Cuando yo me dediqué a ejercer mi profesión de abogado, no teníamos grandes recursos económicos, pero convivimos así normalmente como cualquier matrimonio. Al principio ella sólo se dedicaba a la investigación. Me acuerdo que cuando yo iba a los tribunales por los juicios que llevaba, ella iba al archivo judicial. Ahí investigó muchísimo documentos antiguos; el resultado de esa investigación fue el libro “Fe, riqueza y poder”.

¿Y cómo era en el hogar? Esa vocación no era incompatible con la actividad como madre, porque era una mujer fina, cariñosa, así que entre nosotros hubo esa relación, no hubo obstáculos; yo la apoyé absolutamente. Nosotros nos fuimos quedando a un lado, es decir, nos formamos una vida independiente, porque yo renuncié hace muchísimos años a tener un cargo público y no tuve aspiración política nunca, nos dedicamos por entero yo a mi profesión, ella a la casa y a la investigación y a escribir, y a promover como promovió tanta gente.

¿Era necesario eso? Eso nos dio una mayor libertad porque, como decía ella, “yo escribo con absoluta libertad y no estoy sujeta nadie, porque no dependo de nadie más que de ti”, me decía, “no tengo que quedar bien con nadie”. Afortunadamente yo le di el hábitat, le di el marco para que ella se desarrollara con toda la libertad. Ni yo mismo intervenía en sus opiniones, sino que la compartíamos más bien.

Varias instituciones nacieron aquí en esta habitación. Sí. Pongamos para el caso Mujeres en las Artes sí surgió aquí. También ella fue el alma en los quehaceres culturales de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Cuando estuvo en la Dirección de Extensión Universitaria en la Universidad Nacional Autónoma, ella prácticamente creó el Teatro Universitario y estimuló naturalmente a Francisco Salvador, que estaba comenzando.

Ella apoyó a varios artistas de vanguardia. Sí, pongamos que una vez que íbamos al sur me dijo “Félix vamos a pasar por ahí por San Francisco creo que es o San Antonio, ahí está un muchacho que concursó en el IHCI y lo rehusaron, fue de las pinturas que rechazaron, pero yo le veo que tiene madera” y así fue, pasamos ahí y en un campito de fútbol vimos a un muchacho que se llama Roque Zelaya. Entonces fuimos a hablar con el papá y me dice Lety “traigámoslo, este muchacho vale muchísimo”? Lety fundó la galería Nuevo Continente, una de las primeras galerías de arte y ahí Roque Zelaya se inició. Pongamos a Armando Lara, recuerdo cuando lo fuimos a ver al barrio Abajo; estamos hablando de hace casi 40 años. Miguel Ángel Ruiz, Laínez. Para esos años también se inició la Editorial Nuevo Continente, con Óscar Acosta. Y fuera de esto, como usted lo sabe, ella recibió aquí por las tardes a muchísima gente. Venían a platicar, a solicitar consejo, ideas y todo, y eso lo hizo digamos hasta una semana antes de morir. No conoció el egoísmo, era una mujer amplísima, de un corazón noble. No había limitaciones para ayudar a la gente.

Siempre me sorprendió el estoicismo de doña Lety, eso de jamás quejarse de su situación. ¿Desde cuándo estuvo enferma? Lety sufrió un derrame, yo diría que hace unos 30 años. Recuerdo que me la llevé a México y le hicieron una operación para la tiroides, perdió la tiroides; eso le provocó el problema de la voz, y luego sufrió varios derrames, pero como le digo afortunadamente eso no le afectó su inteligencia, pero lo que ya le afectó mucho fue la diabetes. Con la diabetes ella desgraciadamente perdió su pierna, lo que la obligó a permanecer en una silla; de esto hace unos ocho años, que ya se confinó a una silla de ruedas? pero como le digo que ella tenía un espíritu extraordinario, eso no le impidió seguir trabajando. Aquí ella tenía una secretaria, ella le dictaba; aquí en la casa que es de dos pisos mandé a hacer el ascensor, para que ella pudiera bajar, subir? Lo que dictaba en el día, en la noche me decía “leémelo, para que me hagas alguna observación”, y como yo le decía a ella, “pero, negra, yo qué observaciones te voy a hacer”, y así escribió sus libros.

Y también los artículos. Los artículos del diario EL HERALDO ella me los dictaba a mí directamente en la noche, porque yo soy taquimecanógrafo.

Tenía una pasión por el pasado, pero era una mujer moderna. A mí me repetía Lety “los historiadores de ahora son historiógrafos”, porque para ella un historiador interpreta la historia, no la repite? Nuestro libro preferido fue José Miguel Gomes, ella lo descubrió.

¿Hubo alguien a quien no recibieron en su casa? Pues que yo sepa no. Aquí persona que viniera era bien recibida. Yo nunca conocí o me dijera a mí “no quiero ver a esa persona”, no, nunca. Yo interné a Lety el día sábado y el día anterior recibió personas. Lety murió así, así conversando y participando.

¿Ella dejó algunos encargos a usted? Sí, bueno, pongamos la biblioteca que son más de 4,000 libros. Habíamos hablado porque ella quería donarla, y en ese sentido habíamos hablado con el Museo de la Identidad Nacional. Ella quería que se hiciera una biblioteca virtual? yo voy a cumplir con eso. Y la casa está llena de cuadros de todos los artistas y estoy pensando que vamos a hacer una sala de pintura que lleve el nombre de Lety Oyuela, posiblemente la donemos al Museo del Hombre Hondureño.

¿Lo tentaron para retornar a la política? Fui amigo personal de dos Presidentes, de José Azcona y de Carlos Roberto Reina. Personalmente me ofrecieron ser embajador en cualquier parte otra vez, que nos fuéramos con Lety, pero con Lety no quisimos, yo no quise aceptar. Más vale porque así ella continuó con sus actividades intelectuales, y yo estoy satisfecho de dedicarme al ejercicio libre de mi profesión, y alegre y contento de que le di a Lety todo el apoyo, la apoyé en todo, la atendí con todo el cariño que yo siempre le tuve, el amor que yo le tuve a ella, porque fue el amor de mi vida, fue la mujer de mi vida y por eso compartimos 52 años sin ningún problema.

¿Veía con optimismo el futuro del país? Nos preocupaba mucho cómo está el país, siempre nos ha preocupado que los funcionarios no respondan y ahora estábamos con Lety más preocupados porque tanta inseguridad, tanta incoherencia gubernamental, la falta de capacidad y honradez en tantos funcionarios, y al hablar del aspecto cultural hay como un abandono, como si no existiera un deber para promover la cultura, el poco estímulo a los intelectuales. Por ejemplo Lety, que publicó 25 libros sin contar con el patrocinio de ninguna entidad pública, ella se lamentaba pues quería que el país fuera más culto, más educado.

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5 comentarios en “Lety fue el gran amor de mi vida: Félix Oyuela

  1. Vero dijo:

    Me alegra mucho haber ingresado a esta página y sobre todo haber leído esta entrevista. Es muy interesante saber de doña Lety. Los felicito, sigan así.

  2. Sandra St-Pierre dijo:

    Lamento la muerte de esta gran mujer, que la pude conocer hace dos años, pero sí la veia en periodicos. A pesar de ser la abuela de mis sobrinos, no pude saber mucho de ella hasta que leí esta entrevista con don Félix, a quien conozco personalmente. Que Dios la tenga en su reino a esta gran mujer.

  3. Delmer Mejía dijo:

    Dña.Lety perdurará en el alma de todos los que la quisimos, especialmente los pintores a los que ella dedicó mucho de su tiempo para promovernos.

  4. Moebius dijo:

    Creo que la expresión “top ten” de la poesía amorosa es ya un lugar común. A lo mejor vuestra selección de poemas, que considero muy bien hecha, iría mejor con otro título.
    Gracias

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