Orbis

Nuestro top ten de la poesía amorosa en Honduras

Esta semana se celebra una fecha significativa en la vida de todo ser Larahumano, el Día del Amor. En nuestro país hasta el más huraño de los poetas ha sido rozado por este sentimiento, que deja una página entre la dicha y el dolor. En esta edición, Orbis le ofrece el que hemos llamado, a riesgo de perturbar la cómoda solemnidad que caracteriza a los gremios literarios, “el top ten de la poesía amorosa en Honduras”, un recuento de los mejores poemas que dan fe de este sentimiento y que forman parte del aprecio de las nuevas generaciones de poetas, como voces y modelos a seguir. Se sabe, por supuesto, que ninguna selección es perfecta y que algún poeta se nos queda al margen. No hay que olvidar que el amor, como tema de un solo libro, surge en nuestro país en los ochenta, luego de un siglo que lo ignoró (salvo destellos irrefrenables). Y como el nuestro es un pueblo extraño, todos o casi todos estos poemas son testimonios varoniles de un amor perdido, partos de la nostalgia, ante el deseo vehemente de Clementina. En este espacio, las voces consagradas se mezclan con la sangre nueva para construir ese mural donde el amor es el único protagonista.  Una disculpa obligada al poeta José Adán Castelar, que por un error su nombre no fue consignado en la edición impresa.

TÉRMINO

A la muchacha que acaba de salir

de mi pecho, yo le abrí

la puerta. Ella vivía en él y hoy se marcha. Ved

cómo del hueco abandonado

mana

sangre.

               Porque hay un día

en que todo habitante

se aburre, se cansa del otro, del ir

y venir pisando el mismo suelo

y, sin más, alza sus cosas y se va…

Y entonces cae muerte

de rincones oscuros, cuelgan

gritos de techos apagados, alguien

llora detrás de las paredes y un olor

a desgracia impregna

nombres y deseos.

¡Y yo abrí la puerta!

¡Y yo abrí la puerta! Ella salió

a la calle, vio el mundo, otros

rumbos y, sin voltearse,

dejó que la distancia la cubriera.

 

José Adán Castelar

De Laodamia

 

 

ACUÉRDATE 

Oh fantasma afilado Miriam hirsuta

ave del paraíso cerrado a piedra y lodo

sólo mi amor es más grande que mi odio

sólo en tu mano come mi cólera andrajosa

como un oleaje llega a tu frente y olvida

sólo un amor tan grande como el mío

puede rodearte como un río de blanquísimo rostro

o como una montaña que suaviza sus brazos

o como el sol que al verte sacude sus herrumbres

tengo en el corazón un poseído

que podría tallar tu estatua a manotazos

tengo en el pecho un faro que da brincos

localizando el sitio de tu cuerpo

donde se rompen todas las naves que te buscan

estoy solo y más solo miriam cobarde

me destrozo el hocico contra el muro que elevas

conteniendo mis más arrobados asaltos.

 

José Luis Quesada

De La memoria posible

 

 

“UNA HERIDA MÁS HONDA QUE LA SOLEDAD”

Por estas huellas que el tiempo va dejando en la memoria.

Por los caminos como ríos

donde naufragara lo mejor de nuestros días.

Por la soledad de esa luz

a la cual se acostumbraron nuestros ojos,

y la proximidad a la palabra

y el fuego que con ella construimos.

Por las tardes atadas al silencio de esas planicies

donde las sombras escampan la rumor de unos labios

y las rocas se alzan hacia la luz

definitiva y fugaz.

Por los lugares comunes al sol y a la lluvia

y el aroma que aún ostenta el recuerdo.

Por los rostros ya cansados y las voces que regresan

para hablarnos de estaciones ya vencidas.

Por la mismísima tierra plantada de magnolias

y tristeza.

Por los besos, mujer,

por los besos en abril

y la piel que acariciaste ignorando su ceniza.

Por el mar y los adioses y el corazón

como un navío en la corriente inexorable.

Por todo ello

he de llorar por ti.

Habrá de recordarte la luz de un día.

 

Marco Antonio Madrid

De La blanca hierba de la noche

 

 

SOLEDAD HERIDA

Han pasado siete años, y todo está como antes:

el naranjal, las aves, la eterna lejanía…

¿Ella? Está como entonces, no ha cambiado, sus ojos

siguen siendo la noche donde florece el día;

yo sé que al fin he vuelto, de nuevo puedo verla,

mas, aunque ella es como antes, el pasado no es hoy:

ella en nada ha cambiado, pero ya no es la misma,

pero ya no es la misma porque he cambiado yo.

Sé que todo concluye

y a los minutos prófugos no volveré a llamar,

todo concluye -sí- pero el paisaje

se esmera en repetirme aquella edad

y en mí siento que un átomo rebelde

se encapricha en gritar: ¡Eternidad!

Debo estar solo -sí- pero un recuerdo

abre rendijas a mi soledad.

 

Jaime Fontana

De Color naval

 

 

XXVI

…espléndidas heridas (Quevedo)

Salvo la tuya, todas mis heridas

son espléndidas.

Servirían

para una exposición de joyas.

Mis heridas de niño.

Mis antiguas heridas de poeta.

Yo las usaba alegremente.

No había nadie a quien perdonar.

 

José Luis Quesada

De Sombra del blanco día

 

 

LA ESTACIÓN Y EL PACTO

Ni la ventana que entredibuja el viejo campanario.

Ni aquella ingenuidad de primer grado

del insecto viudo que aún sobrevuela mi infancia.

Ni la amistad del libro: me hacen falta.

Tus manos al alcance de mis manos

me faltan

como las compartidas soledades.

Necesito, lo sabes, las gemelas alturas de tu cuerpo,

su blancura quemada. Y ese pez

que vuela azulinante hacia el final de tus desnudeces…

abriendo y cerrando los labios de tu fuerza oscurísima.

 

Roberto Sosa

De Máscara suelta

 

 

LOS AMANTES

Los amantes se tienden en el lecho

y suavemente van ocultando las palabras y los besos.

Están desnudos como niños desvalidos

y en sus sentidos se concentra el mundo.

No hay luz y sombra para sus ojos apagados

y la vida no tiene para ellos forma alguna.

La hermosa cabellera de la mujer puede ser una rosa,

el agua tibia o un surtidor enamorado.

El fuego es solamente un golpe oscuro.

Los amantes están tendidos en el lecho.

 

Óscar Acosta

De Poesía menor

 

 

VIENTO DE MAYO

Hoy la nostalgia tiene el color

de esos barcos que han vuelto

para morir en la soledad de los muelles.

Hoy es mayo, hace frío y el viento

esparce la lluvia de ayer que ha quedado

prendida en las hojas de un árbol.

Yo escucho el agua que vuelve,

la gaviota que cruza como un pensamiento

lejano, yo escucho la tierra y el rencor

y el silencio que muerde el corazón

de la niebla, la bandera de un sueño

y su amarga ceniza

y quisiera un fuego, una hoguera

para incinerar la tristeza, una brizna

de ti junto a este mar de la infamia.

Pero sólo escucho el golpe del agua entre el cielo

gris de las piedras,

y entonces dejo fluir tu nombre en mis labios

como un río lejano, como esa lluvia

de ayer, como este viento de mayo.

 

Marco Antonio Madrid

De La blanca hierba de la noche

 

 

MEMORIA DEL SOLO

¿En qué ajeno paraíso abandonaron

mi humeante corazón, quemado vivo, las mujeres que amé?

¿Bajo qué cielo raso se desnudan

y muestran victoriosas el reino que perdí?

Yo, en cambio, nada guardo: ni dicha ni rencor.

Una a una me dieron la gloria merecida

y derrotado fui con sus mejores armas.

El amor es la única batalla

que se libra en igualdad de condiciones.

Yo no pude escudarme, devolver las palabras

con la misma osadía, sin cuidar mis entrañas,

y a los más leves golpes

me alcanzaron de lleno, a la altura del pecho.

Dado ahora a morir en cama extraña

(orgulloso de mí, en paz conmigo),

Cierta gloria atesoro, ciertos nombres,

Como el viejo guerrero que alivia sus heridas.

 

Rigoberto Paredes

De Fuego lento

 

 

 

 

EL REGALO (fragmento)

Quisiera regalarte un pedazo de mi falda,
hoy florecida como la primavera.

Un relámpago de color que detuviera tus ojos en mi talle
-brazo de mar de olas inasibles-

la ebriedad de mis pies frutales
con sus pasos sin tiempo.

La raíz de mi tobillo con su / eterno verdor,

el testimonio de una mirada que te dejara en el espejo
como arquetipo de lo eterno.

La voluble belleza de mi rostro, tan cerca de morir a cada instante / a fuerza de vivir apresurada.

La sombra de mi errante cuerpo
detenida en la propia esquina de tu casa.

La ribera de mi aniñada voz con tu sombra de increíble tamaño, / y el ileso lenguaje que no maltrata la palabra…

O con la mano aérea del que va de viaje
porque su sangre submarina jamás se detiene.

La fiebre de mis noches con duendes y fantasmas
y la virginal lluvia del río más oculto (…)

 

Clementina Suárez

De Con mis versos saludo a las generaciones futuras

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Un comentario en “Nuestro top ten de la poesía amorosa en Honduras

  1. Mar H. Torres dijo:

    Te propongo un top diez de poemas al desamor, o a lo finito del amor, al final, hablamos de la misma moneda, te propongo que revisemos la otra cara, y pues comencemos con este de Fabricio Estrada:

    Nada es para siempre,
    aceptémoslo,
    Lo eterno se inventa
    para no vernos acabados.

    Nada dura más tiempo que una vida,
    sólo las aves creen que el planeta es infinito,
    sin imaginar que su vuelo
    es inferior al de los astros
    y que estos, a la vez,
    un día se opacan
    y surcan vacíos el silencio
    como el corazón de un hombre
    que ha dejado de amar.

    Por ello, cuando sé
    que el amor es el primero en morir,
    no dejo de sentir una extraña alegría,
    saco una silla al patio
    y entre las flores,
    dejo a los gatos atrapar
    y matar mariposas
    en su juego.

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