Orbis

Nuevos poemas de Livio Ramírez

LivioEl poema que no cesa

Los que conocemos la obra poética de Livio Ramírez resentimos la mayúscula brevedad de sus libros. Tanto se parece a la fábula del Zorro de Monterroso que obró con cautela ante la crítica y en los últimos tiempos sólo ha reeditado esa poesía suya, tan encendida, plena de imágenes majestuosas tejidas con delicadeza. Privilegio aparte para el exclusivo tiempo de lectura de esta sección, hoy podrá disfrutar de esta muestra de los recientes trabajos del autor, breve y doblemente valiosa, que nos regala para el solaz del día. En ella, Ramírez retoma el lenguaje decantado, sutil y ardoroso de su libro de 1987, Descendientes del fuego, al grado que pareciese que aún sigue escribiendo aquel hermoso poema. La figura de la mujer, la ciudad, los amantes están aquí, intocados. Los acompañan el texto del poeta mexicano Marco Antonio Campos, que prologa el cuaderno 164 de la colección Poesía Moderna, del Material de Lectura de la carrera de Letras de la UNAM, dedicado a Ramírez, y la fotografía del también mexicano Juan Manuel Álvarez Hernández.

Juntos

1

La plaza desvestida por el sol

Juntos

Escucho cómo creces dentro de mí

Juntos

No hay horas sino besos

2

Dicen palabras que son nubes

Juntos

Cierran los ojos para ver el verano

Juntos

Solo ellos ven las aguas encendidas que pasan

Pequeña guerra

Los amantes abren el día

La vida está heridísima

Pero ellos la levantan

En silencio

En secreto

Ha empezado la guerra:

Con su amor han sitiado la ciudad

Abrazados

La ciudad

Cubierta de polución

Y los enamorados

Besándose entre el smog

Abrazados a la ciudad

Que nadie abraza

Diciéndole:

No caigas amor nuestro

Que no puedes caer

Thelia

¿En qué nube durísima

fue tallado tu cuerpo?

¿Cómo es que en tu cintura

viven los girasoles?

¿Cómo flota esa luna en tu regazo?

¿Desde qué mar me miras?

Fluye en tu cuerpo el río que no cesa.

Pareja

Lanzan a esta hoguera,

máscaras y palabras.

No aceptan ese caos diseñado.

Pintan de azul rabioso la ciudad.

Arcanyide

Con hilos de oro y fuego

Hicieron tus cabellos.

Tu rostro: delineado fulgor,

Fiesta de luz e inteligencia.

Con algo más que los ojos te contemplo.

Pongo a tus pies el día, su vuelo de jaguar.

Con las palabras radiantes

hago un collar para tu pecho.

Ausencia

Hoy la poesía cierra sus puertas

El sol hunde su garra en la tristeza

El caracol se esconde en el relámpago

Canción de los enamorados

Azul Van Gogh

Azul casi de rabia

Azul amaneciente

Azul eléctrico

Azul quimera

Azul que sueña entre los edificios

Azul que no reposa

Azul llameante

Azul jaguar saltando entre las nubes

Azul abierto

Azul de los amantes

IMAGEN DEL POETA

Marco Antonio Campos

Llegó una noche de verano de 1969 al taller de poesía que coordinaba Juan Bañuelos en el piso décimo de Rectoría de la UNAM. Era hondureño y estudiaba Derecho. Lo acompañaba, como lo acompañó por años, “la suavísima Alejandra” (…) Aquella primera vez Livio nos impresionó doblemente: por sus poemas, plenos de ímpetu a la vez de una contención seca y por la certeza de sus juicios. Él fue la inteligencia de aquel grupo inestable. Aunque después su presencia fue habitual en las caóticas sesiones, apenas leía uno que otro poema, pero no dejaba de prometerlos.

Leí entonces su poemario, Yo, nosotros, y la impresión fue profunda. Este poemario, corregido y aumentado, lo incluiría en el primer libro colectivo de las ediciones de Punto de Partida, Noticias contradictorias…

Livio fue quizá el poeta más lúcido de mi generación que conocí en aquellos años. Eran notables su capacidad de exposición de síntesis. Tenía dos pasiones: la poesía y la política, y deben seguir siéndolo. (…)

Al revisar Arde como fiera vuelvo a sentir una violencia verbal, tensa como un cable cruzado sobre el abismo, un grito cristiano entre la infancia, la muerte y la nada. No era un vendaval que arrasaba todo… era una impetuosidad salvajemente controlada.

Quizá porque está olvidado en un libro olvidado y entre los poetas, Arde como fiera ha merecido entre nosotros escasa atención, si escasa no es ya una hipérbole. Es un poemario, o mejor dicho, un poema impresionante, estremecedor, que tiene, como contraste, momentos de delicadeza dulcísimo. En Livio han gritado llorando los extremos. Imposible quitarle versos a los poemas. Sería como arrancarle un mínimo trozo a un cable de alta tensión.

Nombré a César Vallejo; como él, Ramírez Lozano buscó la honda dimensión del hombre y de los hombres. Los suyos son también ante todo poemas humanos, y simultáneamente contienen una hondura religiosa del que ve en el sufrimiento personal y en el de los otros la representación descarnada de Cristo…

No hay casi pieza en él que no nazca de una situación y de una emoción profundamente auténticas. Quizá por eso ha escrito poco. Enfrente críticamente al lenguaje, o se ocupe de hechos políticos, o haga arden instantes eróticos, o recuerde a su padre, o piense en sus hijos, impugne ciudades, cree personajes de difícil ubicación, o lo devore el demonio del pasado, sus poemas tienen una raíz humana y crecen como árboles. Señorean en él la furia ardiente, los afectos abismales, el desprecio duro, la piedad desclavada, el dolor que crucifica lenta, firmemente. No es gratuito que los adjetivos y sustantivos más habituales en su lenguaje sean, por casos, animal, brutal, feroz, fantasma, fuego, rabioso, abominable, espantosamente…

…Es la lucha a muerte con el lenguaje para que las palabras salgan gritando y se reconozcan en una sola llaga poesía y vida. Por eso, como señala el poeta y crítico hondureño José Luis Quesada, tomando un verso de él, el poema es un “texto de aullidos” y las hojas en que se escribe son “campos de batalla”.

LIVIO RAMÍREZ

Es poeta, ensayista, catedrático e investigador universitario. Nació en Olanchito, Yoro, Honduras, en 1943. Viajó a México a cursar estudios superiores de Derecho en la UNAM, donde se integró al taller de poesía que dirigía Juan Bañuelos en la universidad, en 1968. Integró también el movimiento Punto de Partida junto a destacados escritores mexicanos. En 1971 fundó el primer taller de poesía en Honduras. Es premio internacional de poesía Platero, 1980, de Ginebra, Suiza; Premio Nacional de Literatura (2000), Premio Nacional José Trinidad Reyes de la Universidad Nacional Autónnoma de Honduras (2002). Realizó en Europa estudios doctorales en Derecho y posgrados en Sociología Política y Altos Estudios Internacionales. Fue director general de Cultura. Su obra incluye Arde como fiera (1972), Descendientes del fuego (1987), Escrito sobre el amanecer (1990) y Obra reunida (2005).

Anuncios
Estándar

2 comentarios en “Nuevos poemas de Livio Ramírez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s