La Comunidad del Idioma

Decálogo de una escritura sencilla (II)

del-estal11Si anotó los cinco consejos anteriores y le interesan completar las cláusulas de la escritura sencilla, aquí se las completamos. Recuerde que la idea de esto es generar un pequeño aporte a su crecimiento como “usuario” del lenguaje escrito.
Seis. La precisión es hermana gemela de la claridad. A la hora de escribir hay que despojarse de lo ampuloso, las cifras excesivas, los adjetivos y toda esa supuesta elegancia que recarga el texto. Aunque muchas veces se trate de datos útiles, puede que no abone a la claridad del texto y quizá haya que prescindir de alguna información o insertarla como anexo o como pie de página. En textos narrativos, la saturación de elementos crea un estilo barroco que entorpece la comprensión de la lectura. Al contrario, evite la poesía en informes y documentos de trabajo.
Siete. Lo que ha escrito, escrito está. No repita. Pocas cosas son peores al leer un texto que enfrentarnos con la misma información una y otra vez; a menos que se trate de variaciones sobre un mismo hecho, propio de narraciones modernas -juegos conscientes del narrador-, la redundancia demuestra la incapacidad para “ir más allá” de lo expuesto en primera instancia.
Ocho. No todo lo que se dice es cierto. Verifique los datos. Un delito literario frecuente es la cita de datos falsos o la falta de veracidad de las fuentes. Por ley, todo autor de documentos escritos serios debe confrontar los datos que utiliza y aprende a discriminar las fuentes de origen. Actualmente, en Internet existen miles de sitios con datos erróneos, cifras no confiables por la misma naturaleza de los portales. Decía el escritor argentino Andahazi, autor de El anatomista, que muchos datos biográficos sobre Mateo Renaldo Colom que circulan en la red, él los inventó. Antes de citar un dato, piense en aquellos que a menudo atribuyen a Borges un poema horrible que apareció en Intenet.
Nueve. Escriba, no presuma. Nada más transparente para mostrarnos como somos que la escritura. Un texto sin aspiraciones eruditas hablará mejor de usted, que quizá lo es, que un documento cargado de citas o palabras rebuscadas. La mejor manera de impresionar al lector -su profesor, su alumno, su editor, etc.- es no traspasar el límite entre lo que sabe y lo que ignora. La honestidad es mejor comienzo de un escritor. Recuerde siempre la premisa a la que se sometió Hemingway: escribe de lo que sabes.
Diez. Disfrute. La escritura es uno de los privilegios de la humanidad, una vía de comunicación casi secreta, un vínculo entre el ser interior y los otros; pocas facultades humanas pueden generar mayor placer que esta, excepto la lectura. Si este proceso comunicativo se le hace tortuoso y le genera preocupación y estrés, encuentre los motivos que lo provocan. Casi siempre, los textos que nos solicitarán en la escuela y la universidad no son de nuestro agrado; esto puede cambiar cuando encontramos qué decir de esos temas. Convierta estos trabajos obligatorios en oportunidades para informarse y crecer.

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