La Comunidad del Idioma

Razones del uso incorrecto de diabetes

antonio-madueno

Los eventos del 11 de septiembre en Estados Unidos sirvieron para desnudar una regla mediática: repite una frase hasta que se convierta en verdad. Según analistas, esto fue la estrategia de la administración Bush para captar el apoyo de la mayoría de ciudadanos y obtener los recursos de parte de los congresistas.

Una regla que bien puede aplicarse a otras áreas, como el idioma. Dado que en Honduras profesamos una cultura ágrafa, que no lee, al grado de hacer de esto un motivo de orgullo, la mayor parte de la información que percibimos es de los medios audiovisuales, y de ahí, la mayoría de palabras de nuestro vocabulario provienen de una difusión oral, especialmente la televisión.

Esta cualidad cultural nos hace tomar por verdadera la pronunciación de una palabra, y rara vez nos veremos en la obligación de escribirla. El problema se da cuando aprendemos a pronunciar mal una palabra y luego la llevamos a la escritura.

Para el caso la palabra “diabetes”, de mayor uso entre los especialistas y estudiantes. Esta palabra ha entrado en nuestro país en dos vías, en español y en inglés. En español es una palabra grave, es decir que su sílaba tónica es la “be”, y como termina en /s/ no se tilda. Diabetes. El Diccionario no reconoce otra escritura.

A menudo me pregunto de dónde vienen las pronunciaciones erróneas de una palabra, y casi siempre está en el manejo de los extranjerismos, por aquello de que las Academias de la Lengua consideran su escritura y no su pronunciación para incorporarla al diccionario. Y bueno, si no leemos seguimos con una pronunciación equivocada. En el caso de diabetes, no entiendo en qué momento de su recorrido la gente la transformó de una modesta y poco enfática palabra llana a una esdrújula “diábetes”.

Esta “diábetes” debe ser corregida en los colegios, las universidades y los consultorios, porque muchos doctores la están diagnosticando y la enseñan así, y los pacientes y sus familiares repiten el término hasta que llega a niveles cuando quien dice correctamente “diabetes” puede sufrir la vergüenza de ser corregido.

Creo que es deber de los doctores, de los maestros y de todos los que estamos involucrados con la difusión cultural y la educación, detectar estas formas verbales introducidas en la terminología médica.

La pronunciación de una palabra no es universal. Recuerde que cada idioma tiene una normativa a la que se apegan los ciudadanos y la defienden, pero en español, no siempre se toma una palabra con la misma estructura de pronunciación de otro idioma. En todo caso, la confusión surge por nuestra familiaridad con la forma sonora esdrújula -que imagino viene del inglés-, pero si revisamos la etimología de esta palabra su origen es del latín, así que no es la misma regla que le aplicaríamos a sándwich, fútbol, béisbol y otros anglicismos.

Corregir esta pronunciación es importante ahora, cuando -como la enfermedad misma- no está tan difundida.

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