La Comunidad del Idioma

El atentado poético contra Borges

Actualmente, el plagio se considera un delito graasun-aparicio2ve, penable y ha sido tema determinante en la firma de tratados comerciales. Es decir, existe el común convencimiento de que usar una obra sin reconocer el crédito del autor es una falta de respeto grave e incluso un acto criminal.

¿Pero qué sucede cuando a un autor se le acredita una obra que jamás pudo haber realizado?

Hace unos años circularon en la red dos poemas, Instantes y La marioneta, atribuidos a los momentos de claridad pre morten de Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez. La torpeza formal de estos textos y su escasa pretensión filosófica son portentosas, y extraña el hecho de que muchos lectores y maestros -quienes se supone deben mostrar rigor en estos aspectos- los utilicen aun como textos de referencia y estudio.

Desde el aspecto formal, cualquier lector de Borges rechazaría un poema que comenzara con una redundancia de este calibre:

Si pudiera vivir nuevamente mi vida…

Más allá del patetismo impropio de la heroicidad borgeana, que encontraba en la muerte la posibilidad del descanso y la anulación completa de la existencia -la broma que solo un dios menor se permite-, este supuesto poema abunda en incorrecciones de estilo y en una visión pueril de la vida; acaso el autor se reflejara mejor en una vida más grosera y vulgar.

Pero el hecho de que a muchas oficinas y escuelas Borges halla entrado en la forma de este poema demuestra lo propenso que somos a este tipo de mensajes de contrición y arrepentimiento, eso que en muchas partes se llama filosofía barata; y cómo muchas personas que jamás entenderían El remordimiento -y si lo entendieran no lo reenviarían en cadenas de e-mails- se muestran afectadas ante manifestaciones de esta seudopoesía y la difunden trabajosamente, parece demostrar que existe algo incorregible y monolítico en nuestros pueblos que rehúsa el contacto con el arte.

Y más cuando, a pesar de todos los estudios que señalan que Instantes corresponde a una prosa de Nadine Stair, la gente insiste en ignorar este hecho y lo perpetúa con la firma de Borges.

Una paradoja perversa que persigue a estos textos es que el atribuido a Borges -un hombre que hizo de la metaliteratura una forma de vida y que gozaba con estos juegos- parece tener a su favor la persistencia de una ignorancia inmortal y cada día se convierte en una mancha imborrable en la obra del argentino, mientras que La marioneta atribuida a Márquez no tiene tanta difusión y parece existir el sentido común de que el colombiano no pudo haber cometido semejante texto -las últimas investigaciones lo atribuyen a un comediante mexicano-.

Entiendo que en algunos libros de textos de español que se usan en nuestras escuelas se comete este error de atribuir este texto Instantes a Jorge Luis Borges; sé que no es el único poema que le atribuyen a Borges y que hay muchos más circulando por ahí con la firma del argentino, sin embargo, ninguno es tan impropio e insultante. Es una obligación histórica corregir este error, y si algún autor encuentra algún valor a un texto como Instantes, pues que lo agreguen con el nombre de su autora, Nadine Stair.

Hacia el fin de sus días, Borges escribió un soneto de versos alejandrinos encabalgados que comienza:

He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Parece que los glaciares se derritieron, Borges.

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