Orbis

Las márgenes de la ilusión: Oded Sverdlik

Armando LaraLa metafísica del paisaje

Para el gran poeta, la poesía está en todas partes. En la cárcel, en los astros, en el cuerpo del ser amado. Para Oded Sverdlik estaba en el paisaje. Los lugares, como testimonios de la existencia, encierran verdades propias del hombre y revelan su destino. La verdad de Sverdlik es una correspondencia entre todos los seres; el pescador no espera la respuesta del pez sino del abismo, una hoja solitaria no puede hurtar el verdor del invierno, el transeúnte que pide la hora pide un milagro, así, toda la naturaleza es un discurso sobre la vida y la muerte. Esta poética de los lugares, lejos de llevarnos al reduccionismo de la patria y el folclore, fluye hasta tocar todas las existencias posibles con una fuerza inagotable; de ahí la resistencia de Sverdlik al límite de los signos de puntuación. Junto con las palabras, las cosas se transforman o se funden: el pez se vuelve una voz del abismo, la piel del cuerpo se confunde en una sola imagen con las piedras de la ciudad, el mar sabe que Jonás escapará al azote. Algo de esta poesía nos recuerda que al final quizá solo haya palabras.

SINFONÍA BREVE

El mar es absoluto.

Hasta allí donde alcanzan los ojos

el Mediterráneo estalla en espuma,

trepa las márgenes sangrantes de la ilusión,

se hace caricia sobre el costado más desprevenido de la /mente

sube

sube

sube

por las paredes de la eternidad

volcando en nuestros labios la palabra amiga,

remanentes de sales que guardan la ceniza

de un llanto suspendido,

la oración de los pájaros nutriéndose en la tarde

las quebraduras de una noche que se vuelca

en la espalda del hombre que hunde en sus bolsillos

las ilusiones plenas de su cuerpo otorgado.

El amanecer borrará sus huellas para siempre

al primer golpe de ola, de un hachazo,

con un beso infinitesimal en tantas aguas.

Bestias seculares que le agitan el lomo

hacen del viento anillos jardines furibundos

sistema de nostalgias que mueren en la costa,

caballos alados que cubre el vacío,

música plateada de gotas asonantes.

Mil aullidos pausados naciendo de su pecho

dibujan las venas de tus rutas borrachas,

levantando fantásticas cabezas del abismo

hacia las chispas de un magro ejército de luces.

El mar inventa el horizonte a diario

aunque esa nave le acuchilla el vientre,

le molesta su historia de naufragios,

su reinado total en la tormenta.

El mar enarbola su azote, su paciencia,

sabe que Jonás será escupido a su orilla.

Después vendrá la noche

su silenciosa lluvia

de barro fantasmal

y esa montaña plena

con su abdomen de hielo

quedará tras la puerta

de la cena sin luz

Después vendrá la noche

tan después ¿y ahora?

hay un bocado de humus

Afila ya tus dientes

la harina es todo un salmo

Si pudiéramos elegir las piedras

para construir nuestra ciudad nuevamente

si pudiéramos elegir la piel

para construir nuestro cuerpo de nuevo

si pudiéramos inventar la piel

para nuestra ciudad

las piedras para nuestro cuerpo

la piel para las piedras

de la ciudad que cubre

nuestro cuerpo

Regresar a las asoladas materias

que los pies supieron en su marcha

guijarro arrojado al mismo centro

del sopor de las aguas estivales

para tocar el fondo del origen

Ejército de alfileres que clavan nuestros dedos

a esta tierra terca

amante infinita

Ya hace muchos meses

que espera sentado como está

arrimado al árbol apoyado sobre su sombra

predispuesto a las promesas

que por el espacio andan atento

a las voces preladas en el aire seguro

por completo que su lugar está asegurado en el reparto

ya que su mano mucho tuvo que ver con toda parte

buena del predio porque los retoños

fueron plantados por él y a él han de llegar los frutos

en el momento de la mordedura espera aguarda junta fuerzas

en palabras tapizadas que en derredor aumentan

espera la madurez entre

lo agraz y un tiempo indefinido aguarda

espera esperanzas y los frutos tardan en llegar

y quizá no han de llegar jamás a sus labios

a sus dientes porque en el momento de la mordedura

no hay quien reconozca, ni recuerde

la mano del que planta.

Punto.

Supongamos un invierno nervioso

que intentó su retiro anticipado

pasando por alto unas cuantas normas

de imprescindible decoro

Supongamos que es inocente el pobre

y he aquí una nueva era

que no le permitió derramar siquiera

lágrimas de despedida como es habitual

Supongamos que el mar por su parte

preparó al hartazgo su hambre

mostrando por eso su cuerpo en la calma

Existen otras posibles variaciones

Sobe el mismo sonido de la brasa expirante

Esto no cambiará absolutamente nada

del estrato de sorpresa que te rocía la cara

Tiempos calcinados pasan de mano en mano

como un narguile en un momento de charla

buscando echar un puente sobre los precipicios

sobre las aguas bajas en la hondura del pozo

donde una hoja terca pretenderá atrapar

el verdor que huye en la mayor soledad

¡Esta es la estación del cerezo!

Prometedora carne cargada de futuros

jugoso temblor invadiendo la lengua

oculto carozo: escollo para los dientes

En medio de la oscuridad

en medio de la calle

en medio de la diurna calle de la oscuridad

alguien preguntó qué hora es

alguien pálido dentro del susurro de la oscuridad

detuvo las agujas de mi reloj con su diurna voz

y su voz se hizo línea de separación de las aguas

como separando entre las bestias de antes y las de la sombra

y la porcelana de penumbra se agrietó silenciosa

y los murciélagos retrocedieron en estratégico espanto

porque alguien preguntó qué hora es

a la hora del murciélago y el colapso

bordando un suceso sobre el lino de los días

con su pálida voz

en medio de la calle

en medio de la oscuridad

Ocurre que aún procuras salvar

la barcaza extenuada

con palabras heridas

Ocurre también que se quebró el hechizo

y ya no hay palabras en tu boca ni salida

que dé pie a una salida

Y sales al balcón de las plantas

solo plantas en su oficio de tal. Y pájaros planeando

demasiado emotivos para la ocasión:

los pájaros no están destinados a detener

la marcha de los esbirros del recuerdo

pero vienen a refutar versiones

que contradicen sin descanso ni pausa

a toda posibilidad de levantar vuelo

Una risa que desgarra las noches

Me dije es el viento

que pulveriza milagros pero el viento

(lo aprendimos hace rato) insinúa

apenas un aullido un ligero susurro que trepa

sobre las paredes y el muro

es ciego a los colores de la risa

Sí dije esta es la oportunidad de la liebre

la hora de los ríos

la cucaracha y la rata que apuestan

a la silla real al mismo tiempo

que el cuervo afila su pico

para rasgar el día

regado de sangre golpeando las sienes

Solo los recuerdos andan

en puntas de pie

He atrapado un pez. Me mira

a través del cuadrado de red

que recorta un retazo del mundo

como si fuera mi igual

como si fuera su igual

A ambos lados de la red

somos iguales

En algún rincón de la Tierra

una mujer relatará a su hijo

el cuento de un pescador

attrapado en la red

de un pez de oro

¿No será que habremos de vivir

lo que ya hemos vivido

como alimento del año anterior?

Y aún surgirá aquel que sostenga

que el plan fue programado con minucia

tal como se relata con detalles

en La Biblia

en El Corán

en los Vedas

e incluso en el Popol-Vuh

el libro ese que los mayas

dejaron como quien no quiere la cosa

para hacer trizas el orgullo

de la civilización

absoluta

ODED SVERDLIK

Poeta de origen judío nacido en Argentina en 1938. A partir de su primer libro, Las hambres consumadas (1960), escrito en español, Sverdlik utiliza indistintamente sus dos idiomas, hebreo y español. Escribe en hebreo y él mismo vierte sus poemas al español. Ha publicado Parashéi Haishón (Los jinetes de la pupila) y Jalonót Basájaf (Ventanas en la erosión). Los poemas aquí publicados fueron tomados de Brindis, antología editada por Monte Ávila Editores, Venezuela. Son muy apreciadas sus traducciones de la poesía judía. Su muerte en 1996 pasó desapercibida.

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